Adquirí La Llave a Ningún Lugar de un amigo que trabajaba para una prestigiosa casa de remate de antigüedades. Esta consistía en un adminiculo plateado de unas dos pulgadas de largo con el futhark de jēra grabado en la cabeza y una sola paleta plana con dos hendiduras al final. Según me había contado, la llave en cuestión remitía a un modelo muy viejo, generalmente usado en las bóvedas de los primeros corsarios ingleses. Pero un estudio más a fondo había determinado que la técnica utilizada en su labrado era demasiado avanzada para pertenecer a dicha época; una aleación de plata, oricalco y policristal de silicio. La llave relucía con intensidad ante los rayos del sol y no daba muestras de óxido alguno. Probablemente había sido forjada con un fin netamente estético o como efigie para algún culto pagano. De cualquier forma, semejante artículo, aún tratándose de un exquisito trabajo, no tenía verdadero valor en un remate de antigüedades y por lo mismo pude adquirirla por un bajísimo precio.
Según mi amigo, la llave fue llevada a la tienda por un corpulento vagabundo que decía venir de Lovecraft, Massachusetts y quería un par de dólares para un cartón de vino. «El tipo estaba demente. Si hubiera sido más bajo y escuálido te habrías imaginado de inmediato a Gollum… sólo que en lugar de aferrase a la llave quería dejarla ir cuanto antes. Decía que la llave tenía poderes mágicos y que unos ojos lo observaban todo el tiempo». Su jefe se mostraba reluctante sobre si comprarla o no. Tal vez fuera lo extraño del vendedor o porque probablemente se tratara de algo robado, pero lo cierto es que le dio mala espina desde el principio y eso que no era hombre creyente, o al menos no iba a la iglesia desde la muerte de su primera esposa. Cómo sea, la llave tenía muy poco valor comercial y, si bien no se perdió dinero, resultó ser un negocio del todo irrelevante.
Por mi parte, y dado que me daba la gana y no presentaba ningún peligro para mi salud, comencé a portar la llave de una cadenita al cuello cada tanto que salía a pasear. Al principio todo fue normal. Era verano, hacía calor y dormía por las tardes. Me despertaba cerca de media noche y me iba al estudio a escribir frente a la pantalla. Tenía hasta finales de mes para terminar el primer borrador de mi nueva novela y hasta la fecha llevaba bien los plazos. Era una novela sobre un reportero que viajaba a través del tiempo a sus años de universitario para evitar la caída de un meteorito, aunque al final no resultaba del todo así. Tenía un par de buenos giros de tuerca y creía que iba a vender bien. Una de esas tantas noches la llave—que estaba a un costado del teclado, en el escritorio—comenzó a destilar un curioso brillo blanquecino. Yo terminaba de dar los últimos toques al capítulo en el que trabajaba ese día. Noté que la llave brillaba cuando estiré el brazo para tomar un sorbo de café. Era un brillo fantasmal, como el fulgor que despedían los ojos de un espectro en una de mis novelas. Traté de explicarme a que se debía tan extraña reacción y me percaté de que, a través de las cortinas descorridas, una intensa luna llena rielaba sobre el escenario de la ciudad. Recordé lo que me habían contado sobre el vagabundo de la llave: decía que tenía poderes mágicos. Me gustó pensar en esa posibilidad. Me había demarcado como un escritor de literatura fantástica simplemente porque era lo que me llamaba. Para mí, la magia era “la lógica de los niños”, y no por ello debía ser una lógica equivocada. Me quedé mirando la llave refulgente con una sonrisa en el rostro y luego regresé al trabajo. Y fue ahí cuando todo se volcó de lleno sobre mí.
Apenas giré mi silla y fijé la mirada en la pantalla un viento gélido corrió por mi cuello desnudo y me dejó la piel de gallina. La habitación se había tornado repentinamente muy fría. Me levanté y fui a cerrar la única ventana del cuarto. Luego volví al asiento y sorbí otro poco de café. Y entonces volvió a correr el viento. Era como si alguien me observara desde atrás en la habitación, lo que por supuesto era imposible pues vivía sólo y si alguien se hubiera colado al cuarto lo habría notado. El ambiente se iba tornando gradualmente más y más frío. El pánico se apoderaba de mi cuerpo, separándome del valor necesario para dar la vuelta y comprobar que, por supuesto, no había nadie detrás. Aún así, sentía que no mirar era la mejor opción; miraba y perdía. ¿Pero qué perdía? Traté de distraerme y dirigir la mirada a la pantalla del monitor. De seguro se trataba de otro exceso de imaginación. No me ocurría desde que había dejado las drogas, que supuestamente la desintoxicación sacaría de mi sistema. Guardé los cambios al documento y abrí el navegador en un sitio porno. Abrí el primer video que encontré; una muchacha flaca se desplegó bailando en ropa interior y sacándose el sujetador mientras contorsionaba el cuerpo en una expresión libidinosa y bastante falsa. Conseguí calmarme un poco o, más bien, hipnotizarme con el video. Veía cómo la chica se acercaba al tipo que parecía ser su pareja. Lo besaba, le bajaba el cierre del pantalón con los dientes y después miraba a la cámara. Entonces empezaba a reír. Se trataba de una risa desenfrenada y eufórica. Apuntaba a la cámara con el dedo índice y seguía riendo. Su pareja también reía, pero no se le veía el rostro. Salí del ensimismamiento, me la habían jugado. Volví a notar la mirada, que aún seguía clavada en mi nuca. Intenté cerrar el video, pero el sistema no respondía. En la pantalla los tipos seguían riendo y apuntando hacia la cámara. Una tercera voz se había unido, la del camarógrafo, probablemente.
Me sentí entre la espada y la pared. No podía voltear y salir de la habitación porque estaba “eso”, y frente a mí las risas no hacían más que aumentar. Traté de taparme los oídos, pero inexplicablemente el sonido se elevó por su cuenta y pronto llenó toda la habitación. Me descontrolé, perdí el equilibrio y derramé el café. Y entonces sucedió lo imposible. La chica del video estiró el brazo a través de la cámara, paso a través de mi pantalla y me apretó del cuello con ambas manos. «¡Mira, mira detrás de ti!» gritaba ella con el rostro contorsionado, acercando sus colmillos hacia mí. Yo intentaba zafarme torpemente, como una trucha fuera del agua. Arrastré los brazos por el escritorio, en un intento por tomarla de los brazos y sentí el frío del metal. Lo esgrimí contra la mujer cortándole un brazo, el cual se tornó en un líquido negro y viscoso como petróleo. La mujer profirió un grito desgarrador antes de desvanecerse por completo. La pantalla volvió a la normalidad y la pareja aparecía teniendo sexo, como si nada hubiera pasado. ¿Había alucinado? Miré mi mano derecha. La llave brillaba con fuerza, creando vetas de luz plateada sobre las sombras de la habitación. La sustancia negra seguía sobre mi y parte del escritorio y la pantalla. No había sido un sueño. Esa cosa quería que diera la vuelta, quería algo que yo tenía y no le daría ese gusto. Volví a mirar la llave refulgente en mi mano y supe lo que debía hacer.
Cerré la porno y abrí un bloc de notas. El frío era omnipresente y mi aliento se condensaba. Esa cosa estaba furiosa. Sentía su mirada presionando fuerte contra mi nuca, en cualquier momento podría romperla. Tecleé cada palabra con acierto, sabía qué era lo que más quería y finalmente contaba con los medios para hacerlo realidad. Escribí un breve párrafo, el dolor punzante hacía correr las lágrimas por mis mejillas. Tomé la llave con ambas manos, pesaba. Lo que fuera que estuviera a mis espaldas sabía lo que haría con la llave y no le gustaba. Clavé la llave con fuerza a través del monitor. La superficie de cristal líquido emitía ondas, como en el agua. Giré la llave con mis últimas fuerzas… e hizo clic.

AJAJJAJAJJ BUENA se nota que leíste LOCKE & KEY o por lo menos haber visto una comentario de estas. En fin muy bien relato….. espero la continuación xD
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http://chileniaucronica.blogspot.com/
http://blackhole.bligoo.com/
Me gustó bastante el cuento. Se nota que hay trabajo detrás. El estilo es apropiado, tomando mucho de los cuentos más clásicos de horror pero con una vuelta de tuerca al final muy bien lograda y que abre las puertas a un elemento más fantástico: la llave como símbolo de la entrada a otros mundos.
Solo te sugiero tener cuidado con las frases cliché, como: “me sentí entre la espada y la pared”. La idea es que seas capaz de expresar lo mismo pero con otras palabras menos comunes. Esa es la magia que tiene que dominar un escritor.
En todo caso, me parece un muy buen trabajo. Todavía eres joven y tienes tiempo para pulir tu estilo. Solo sigue escribiendo y no procastines tanto xD
Saludos.
Gracias por leer y comentar, otra vez. Tomaré en cuenta tu consejo y añadiré algunos cambios al documento en Word. Tu cuento “El Dios Dormido” fue una gran inspiración para escribir ésto. Aunque, de algún modo, no sé si sentirme alagado o no con lo de “todavía eres joven”. A veces me siento inseguro sobre si realmente he mejorado en el último tiempo o no. Pero siendo honesto, gasto más tiempo en soñar que en trabajar, y he de corregir ese problema.
Saludos,
Felipe.
Que buen cuento.
Me lo pasé muy bien leyéndolo, y me hizo recordar aquellos días de juventud que solía dedicar a la busqueda de antiguedades maltratadas para presentarlas a los jugadores en las partidas de “The call of Cthulhu”.
Un cuento estiloso. Me gustó harto.
Saludos!
Muchas gracias por pasar. Escribí este cuento pensando en un concurso para Locke & Key. Me tomó unas 3 horas acabar este borrador y otro tanto en encontrar una imagen apropiada. Eso sí, debo admitir que aún tengo serios problemas con los finales. Tengo 3 cuentos inéditos que, si bien sé como terminarán, aún no me decido a finalizar. La procastinación me gana.
Saludos,
Felipe Oro.
Ojo…”Procrastinación”
Te quiere,Papá.
sorry!!,también se acepta “procastinación”.
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